Conceptos y juicios surgidos de escritos de esta sección, que ya no puedo recordar quiénes han sido sus autores: nadie cuestiona la afirmación “un buen ejemplo es más positivo que mil palabras” y si se refiriese a la dirigencia política cabría aludirse a la expresión “ejemplaridad”. Pero ¿existen o se avizoran ejemplaridades que son indispensables para la sociedad en su más amplio espectro? ¿Existen “diez hombres justos” como buscaba el profeta Abraham? Lo que parece es que los ciudadanos se han quedado huérfanos de figuras señeras. Por los resultados que se evidencian en un ya largo período democrático, queda claro que son mayoría aquellos que no son ejemplo: son grises con muchos lunares negros, o sea, de ejemplaridad, nada. Al contrario, el ciudadano escucha, ve, piensa y tiene la “sensación” de que en lo público se ha instalado la corrupción de los mejores (irónicamente hablando) o los de mayor notoriedad. En las provincias es mayor la falta de políticos que sean buenos ejemplos para la comunidad; por lo menos en 10 provincias el carácter feudal, el nepotismo, la corrupción y los abusos de poder se han naturalizado y empeorado. Incluso se “importan” electores de países vecinos en época de elecciones. La corrupción afianzada y generalizada como también su vigencia por la impunidad, es un cáncer nacional y popular.

Mario Alberto Ricci

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